Jul 17

Por: Leandro “Aleman” Scheurle

Nota publicada en la revista Extremo Patagonia Nº36

Mágica dosis de terreno convulsivo, remoto y desafiante. Paraíso perenne que todo explorador acaricia en cada suspiro de anhelo inalterable. He aquí la historia de una expedición de futuros guías a las fauces mismas de un ilustre paradigma de las petrificadas aguas del porvenir mundial. Existo, pienso luego

“Una parte de mi quedo allí para siempre, mi vanidad y mi escepticismo; a cambio me llevo algo que no había poseído antes plenamente, la apreciación de la absoluta belleza y el milagro de estar vivo.” (Richard Bern).

El cielo ovaciona la desaparición súbita del inabarcable mar de nubes que se interpone. Jorge, Paula y Sebastián arquean sus cuellos hacia atrás y, mirando el infinito, agradecen el impensado regalo. Existo, pienso luego.

Durante los últimos días de Febrero de 2009, la escuela formadora de guías de Trekking en Cordillera y de Turismo Aventura de Buenos Aires (ISAS) se había planteado la idea de poder realizar su Taller Intensivo de Larga Duración Estival por primera vez en la zona aledaña al Chalten y en algunos rincones del Parque Nacional Los Glaciares Septentrional, más precisamente para intentar dar la famosa “vuelta a los hielos”.

La exploración se interpreta idealmente como el arte de la revelación absoluta. Descubrir y recorrer salvajes rincones de un río perdido. Descubrir y recorrer una nueva vía de acceso a la cumbre de una montaña. Pero también descubrir y recorrer la geografía indescriptible de nuestro interior y los paraísos más recónditos de nuestros sueños. En esta aventura patagónica, la exploración fue una simple y vital prueba de rendimiento colectivo en un ambiente académico. Explorar los resultados de una salida práctica de un instituto formador de guías en un terreno exigente fue la premisa inicial. Realizar con éxito una expedición con innumerables contenidos y factores extras al simple hecho de caminar con mochila al hombro, encordados y culminando o no el recorrido.

Si bien la vuelta se puede dar también de sur a norte (ingresando al hielo primero por Paso del Viento) lo más habitual es hacerlo desde el norte (ingresando por Paso Marconi). Los diez alumnos y dos instructores comenzaron la “pateada” bien temprano, a las 4 am, en el puente vehicular de la Ruta 23 sobre el Río Eléctrico, unos pocos kilómetros al norte del Chaltén y bajo la espesa cortina de una típica llovizna patagónica. Los pasos se van agigantando con el correr de los minutos. Las espaldas sufren el impacto inicial de las mochilas con 30 o más kilos encima.

El sendero es amplio y discurre fuera de los límites del Parque Nacional Los Glaciares. Todo lo que está fuera del parque es privado, y en todos los lugares privados que tienen atractivos visuales y turísticos destacables pero que por sobre todo son continuamente visitados por avezados y entusiastas, los dueños incurren generalmente en el ámbito de la recaudación desmedida. Hay que pagar entrada solo para caminar, respirar y disfrutar de un entorno natural en un sendero  pero no en otro. Lo hace Parques Nacionales también cuando cobra ingreso en un sector y en otro no. En el Parque Nacional Nahuel Huapi, por ejemplo, se cobra  al ingresar en la ruta de tierra que bordea el Lago Mascardi, rumbo a Pampa Linda, pero no se cobra para visitar el sector norte en el circuito de 7 Lagos, en la zona de los lagos Espejo, Correntoso, Traful, Villarino y Falkner. En este caso preciso, en el de la incursión por los hielos, el ingreso se abona en Piedra del Fraile.

La senda continúa hacia el oeste, internándose en un marcado valle que paulatinamente asciende hacia los hielos y las nieves del Glaciar Marconi. El cruce del Rio Polone es un icono destacable del recorrido. Los vadeos de los caudalosos ríos de montaña pueden resultar un lindo problema para una expedición o para una simple caminata de corta duración. La escuela de guias tiene prohibido autorizar a sus alumnos a vadear un curso de agua descalzo o en hojotas. Un guia que se corta un pie con alguna piedra del lecho transforma su “valiente” actuación en una negligencia tan infantil que puede echar a perder el sueño de los excursionistas clientes y por ende su propio trabajo. Lo mismo se recomienda para cualquier aventurero que transite con amigos o por cuenta propia. Mojar un calzado de repuesto no significa nada en comparación.

Finalmente el primer día culmina en el campamento junto al Lago Eléctrico, denominado La Playita. Las mochilas se desploman y las carpas comienzan a inflarse luego de la evaluación del terreno por parte de los alumnos que han practicado en esta etapa como guías. La charla de análisis de la jornada desarrollada por los instructores se funde con los inquietantes sonidos de la brisa vehemente.

“Aunque se mueven cerca del cielo, en la pureza infinita de un mundo de luz y belleza, los montañistas no son ángeles. Siempre son hombres y su corazón sigue manchado por la maldad del mundo del que proceden y al que, pronto o tarde, deberán volver.” (Lionel Terray).

El mar de nubes irrumpe en la melancolía inexpugnable del atardecer y reviste las últimas porciones del celeste tan deseado. Lautaro, Macarena y Juan Ignacio arquean sus cuellos hacia atrás y, mirando el infinito, reniegan y condenan al fenómeno natural. Existo, pienso luego.

El éxito en el ambiente montañero, como bien sabemos, se mide de manera desmesurada y contundente. Llegar o no a la cumbre, completar o no una larga travesía, escalar o no el largo comprometido de la ruta. El ser o no ser pareciera vivir eternamente en las calificaciones. En el caso de una salida como ésta, de índole pura y exclusivamente instructiva, el éxito sobreviene de una correcta utilización de las técnicas de guiada y desplazamiento por terreno inusual cultivadas y profundizadas, por los alumnos, a lo largo de un período adecuado de formación previo.

El siguiente día transcurrió en el campamento ya que el clima no permitió otra cosa. Como pocas veces, en esta expedición es necesario contar con una pequeña pero imprescindible colaboración de la naturaleza que rige en los buenos aires de las alturas. Salir con nula visibilidad y vientos de más de 60 km puede desencadenar una bonita sucesión de inconvenientes que atraigan algún accidente como acompañante.

Finalmente el día esperado llega. Se toma la decisión de ingresar al hielo en vez de ir hacia el Refugio del Gorra Blanca, una alternativa que había tomado color ante la adversidad climática. El grupo levanta campamento rápidamente y emprende el ascenso por el siempre desafiante Glaciar Marconi. La brisa ya se ha transformado en una ventisca interesante que posteriormente alcanza similitudes de un vendaval incontrolable. Los grampones ya crujen en el hielo. La marcha se hace dificultosa y lenta. La sensación que altera los horizontes de la vacilación ya tiene como valor destacable una gran negación: no hay vuelta atrás.

Con poca visibilidad, la marcha por estas latitudes debe complementarse con adecuados elementos de orientación, si es que no se desea bailar con situaciones desfavorables. Las cartas topográficas, la brújula y el gps están a la orden del día. Y en ese instante uno se traslada a la visión demencial de aquellos exploradores y transgresores de principios del Siglo XX, cuando podían adentrarse en semejantes escenarios ingobernables y con equipos tan precarios. Que leyendas!

Las cuatro cordadas de tres personas ahora avanzan a buen ritmo por el hielo continental. Esa inmensa pampa helada que desgarra las emociones ha abierto sus puertas. Se ha cruzado el límite internacional y por un buen rato el episodio transcurrirá por territorio chileno, dentro del Parque Nacional Bernardo Ohiggins.

El rumbo es bien sur. A la izquierda se observa la cara oeste del Cordón Marconi. A la derecha y allá a lo lejos, la vista imponderable del Cordón Mariano Moreno y de los Nunataks Witte y Viedma. La aventura brilla en su máximo esplendor. Luego de 10 horas ininterrumpidas, y ante la inminente puesta del sol, el campamento es instalado unas horas antes del conocido Circo de los Altares. Pala de por medio, las plataformas y los muros contenedores y de protección contra el viento se van erigiendo. Las carpas son como estrellas fulgurantes en el espacio más soñado. Son destellos de colores en el espejo helado, inmóvil e inconmensurable. La noche pasa.

“… Hoy, las nuestras, son las primeras miradas humanas que contemplan estas soledades de hielo entre arrebatos de alegría y atónito recogimiento… La mirada se dirige ávida a través de aquella inmensa extensión de nieves perennes y de cumbres, que la cristalina transparencia de la atmósfera y la luz del sol tornan aún más nítida ” (Padre Alberto Maria De Agostini).

La mole inextinguible de granito vertical se exhibe repentinamente en el horizonte inmediato. Julián, Damián y Tomás rotan sus cuellos exhaustos para observar y el mundo mismo se detiene en un conmovedor y milagroso instante de apasionadas sensaciones. Existo, pienso luego.

Al día siguiente la vida continúa regalando fragmentos de incertidumbre con huellas congeladas. Nuevamente en territorio argentino y en el Parque Nacional Los Glaciares, el grupo alcanza rápidamente la zona del Circo de los Altares, allí donde las paredes oeste de las agujas Standhard, Egger y el mítico Torre, entre otros, rasquetean los umbrales del cielo y desbordan las fantasías de los soñadores. La exaltación del reino vertical llevada al extremo, en su máxima expresión.

La función continúa “gramponeando” una y otra vez hasta poder encontrar la salida conveniente. No es fácil, pero con paciencia y buena orientación se llega nuevamente a tierra “firme”. La pequeña Laguna de los Esquíes invita a desplomarse junto a sus aguas, pero la que gana la pulseada es la siguiente, la laguna Ferrari. Es allí donde alguna vez el legendario Casimiro Ferrari montó su campamento y es allí donde ahora se monta el anteúltimo campamento de la expedición de los futuros guías. Muchos de ellos hoy viven toda la temporada en El Chalten, trabajando como porteadores, secundando a otros guías o simplemente respirando y adquiriendo experiencia y nuevos aires de montaña.

El guía debe hacerlo casi todo y estar preparado para todo, cuando trabaja. Cocina para multitudes, participa en tortuosos rescates, llama la atención a excursionistas que ocasionan daños naturales y lleva de la mano a aquel que posee súbito pánico a las alturas. Comenta sobre flora, fauna, geología, climatología…Analiza en una milésima de segundo el camino más adecuado para continuar sin que alguien llegue a percibirlo. Da primeros auxilios y alarma a sus dirigidos sobre los riesgos de no alimentarse ni hidratarse correctamente. Explica cómo caminar en pedreros o arenales, en neveros o glaciares, en senderos o mallines…Ah cierto, y se sostiene siempre ante las incriminaciones sobre ciertas decisiones tomadas con insoslayable autoridad. La verdadera gratificación interna de un guía se sostiene en la aprobación y la felicidad estimulante del cliente. Todos apuntan a ello, aunque por diversos motivos no siempre se consiga dar en el blanco. Contratar un guía profesional puede resultar para muchos un ítem trivial. Sin embargo resulta ser, en su gran mayoría, una garantía inexorable del éxito en nuestra aventura y en el regreso a casa.

La Escuela de Guias había convenido con Parque Nacionales para descender basura voluntariamente, y así fue. A poco de haber dejado la Laguna Ferrari atrás se debe virar hacia el Este, como para ir regresando al punto de inicio de la vuelta. Entonces las respiraciones se detienen en un lugar que acapara toda la atención y que hace gran honor a su nombre, Paso del Viento. Los torrentes indomables de aire que normalmente allí se presentan pueden llegar a derrumbar a cualquier excursionista con su mochila muy cargada, de hecho es lo que sucede habitualmente. Un prolongado descenso lleva sin pausas hasta los confines inferiores del Glaciar Rio Tunel y, luego de atravesarlo transversalmente, la acción se traslada a la adrenalínica tirolesa sobre el río homónimo (obligatorio cruce con arnés y permiso). Posteriormente se pasa por la Laguna Turqueza y finalmente se accede a la Laguna Toro, lugar habitual del último campamento pero que esta vez se optó por dejar a un lado.

El rebobinado interno de lo sucedido siempre cumple su función determinante en la acumulación de experiencias inolvidables. El sendero final desde Toro a El Chalten fue, en este caso, el camino ideal para ponerlo en práctica. La exploración y el éxito se habían dado la mano en los términos ideales que se habían buscado. Una dosis insalvable de tierra inmaculada había calado hondo en las almas; almas salvajes y exultantes; ilusionadas y ávidas de una profesión intensa y largamente apasionante.

“El espectáculo visual es único. Por momentos el piso blanco es tan parejo y el espesor de la nieve tan profundo que no hay una sola roca que emerja en la superficie helada. Nadie vuelve igual de un viaje a esos lugares de excepción”. (Germán Sopeña).

Las estrellas en el espacio son ahora soñados destellos fulgurantes reflejados en el espejo helado, inmóvil e inconmensurable. Vanina, Ariel y el otro Damián arquean sus cuellos hacia atrás y, mirando el infinito, agradecen el regalo celestial. Existo, pienso luego.

Existo porque puedo darme cuenta de la pasión y el intenso sentimiento que nos invade cada vez que nos reflejamos en sensaciones y experiencias tan enriquecedoras e imperecederas, que nos nutren de pies a cabeza como seres físicos y espirituales. Existo porque creo y compruebo la extraordinaria belleza de nuestro mundo como materia y como cuerpo intangible que viaja hacia el más allá. Existo porque agradezco infinitamente la posibilidad que nos regala la naturaleza de accionar en ella y seguir cultivando nuestra alma día tras día. Y entonces la misma frase me hace evocar aquella inmortal definición de René Descartes en la aceptación de la Duda hasta las últimas consecuencias: Pienso, luego existo (Cogito Ergo Sum). Y la doy vuelta, la pienso luego de existir, luego de existir en esta imponente tierra de fascinantes paisajes montañosos y de campos de hielo eternamente inolvidables.

Trekking a los Hielos Continentales – El Chaltén, Santa Cruz – Te invita: Argentina Extrema

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