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Aug 04
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Ella abre la puerta de la habitación donde descansan, ansiosamente, todos los juguetes de sus viajes raros; así los llaman sus amigos de toda la vida. El piso está excesivamente frío, como si fuese un manto de nieve acartonada, pero mientras su cola reposa sobre él, levanta la vista y comienza a observar con admiración cada estante, cada rincón, cada insólito metro cuadrado de aquel habitáculo desafiante. Hacia la derecha, vuelve a encontrar la sagrada biblioteca. Revistas y diarios especializados por doquier, novelas, autobiografías, libros técnicos, guías, catálogos… Allí se dirigen sus manos para recorrerlos con cada dedo, uno a uno, como queriendo incorporar nuevamente aquellos preciados contenidos. La pasión desborda.
Un poco más a la izquierda están los estantes de los chiches pequeños, los que suelen ocupar el gran bolsillo superior a la hora de la acción en el campo. Linternas frontales, gps, handys vhf, ARVA, lentes, binoculares, botiquín chico, estuches con encendedores, cortaplumas, silbatos y herramientas varias. Casi en el rincón del fondo derecho, antes del equipo de cocina y de los petates colmados de cuerdas, cintas, mosquetones, arneses y material general de escalada, halla gloriosamente la mochila de travesía, la compañera que cautiva sus sueños más inquietos, la que impregna de ilusiones inexpugnables a su salvaje alma migratoria.
Un tiempo después se encuentra en un espacio físico inundado por una naturaleza inmensa, virgen, solitaria y extraordinariamente bella. La senda no existe pero el camino, en ascenso continuo, lo inventa su creatividad espontánea. Sus sensaciones se dirigen súbitamente al lugar geográfico en el que respira y al arte inexplicable que representan esos conmovedores momentos que pocas personas pueden alguna vez vivir. Argentina, piensa, el país que derrocha paraísos naturales, paisajes de ensueño, en cada una de sus 23 provincias. Quien pudiera percibir lo que ella en este inmortalizado instante. El ascenso se hace más sostenido y ahora avizora la cima, la corona de una nueva esperanza.

La pasión salvaje e intransferible, ilustrada en los bordes interiores de la piel, autografiada en el lomo del cuore y personificada en cada realización para el recuerdo, nos delata como especie, vuelve a pensar. El aroma de la extrema sensación y la emoción que fluyen sin límites, la búsqueda interminable por poder conocerse aún más, la incertidumbre mágica que siempre dignifica. Es la terapia menos pensada, elevada al cielo de las prioridades, al extremo de lo imprescindible.
Sus huellas marcan los bordes de la cumbre. El círculo intangible resplandece en el macrofoco, detallando las luces y sombras del crepúsculo que lucha por seguir decorando el infinito. Levanta la mirada y respira profundo. La pasión desborda. Quien pudiera haber enmudecido a tiempo al celular que la despierta. Se levanta y atraviesa, paulatinamente de regreso, la misma puerta que todos los días le regala un pasaje, sin escalas, al paradisíaco reino de los “viajes raros”.
Leandro “alemán” Scheurle





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